Pasta marinera a la Remanguillé

La idea de este recetario del blog consiste en buscar recetas que sean rápidas, fáciles, y que ensucien muy poco.

Sé perfectamente que hacer esta receta con gambas frescas y recién compradas sería mucho mejor, pero implica más trabajo, más desperdicios, y eso no es lo que me interesa.

    De todas maneras, si queréis complicar el plato o tener más trabajo, ya sabes lo que hay que hacer.

    Cacharrímetro: 1 (una olla para cocer la pasta y una sartén para la salsa)

    Ingredientes
    ~~~

    La pasta que más te guste.
    1 bolsa de gambas congeladas.
    Latas de conserva de lo que te guste (el mismo peso escurrido que las gambas).
    Tomate frito y nata para cocinar a partes iguales.

    Como lo venden en bricks pequeños, puedes comprar uno o dos de cada según la gente que vaya a comer.

    /Ditty Fett

    Lo primero, descongelar las gambas y escurrirlas.

    En una olla pones a hervir agua con una hoja de laurel y sal. Cuando hierva, echa la pasta. Cada pasta tiene un tiempo de cocción definido para que quede al dente, tenlo en cuenta. 

    Pones una sartén al fuego y cuando esté caliente le pones un chorrito de aceite para saltear las gambas. 

    Después, escurres las latas y pones el contenido en la sartén. La dejas al fuego un minuto o dos, vigila que no se peguen a la sartén. Luego, viertes el tomate y la nata, remueves a fuego medio flojo. 

    Lo dejas un ratín, hasta que la pasta esté hecha. Escurres la pasta, pones la pasta en la olla con, este caso, los spaghetti, mezclas, remueves, y a comer. 

    Vacaciones en La Coru (Neno), 5

    Poco que rascar hoy, salvo por un restaurante japonés con cuatro (4) variantes del menú del día. 

    El sitio se llama Shouri Concept (lo de Concept me tiraba un poco p’atrás, no nos engañemos) y la verdad es que se come bien (sales sin hambre, que eso ayuda). 

    Primero viene el sushi con un wasabi cremoso que no parece que sea de los que vienen envasados (o sí, pero le ponen un poco de agua para que parezca hecho a mano), y luego una bandeja en plan bento pero de alfarería. Todo bien puesto y bien rico. 

    Y finalmente el postre. Tembladera de té verde y huevo al golpe de calor, en su espejo de caramelo (“esto de toda la vida, en España,  se ha llamado flan“). 

     
    No, en la carta ponía flan de té verde, pero lo de Concept no invitaba a pensar en eso. Sigo prefiriendo la tembladera de sésamo… Errr, flan de sésamo de Ramen-ya Hiro, pero estaba rico. Además, lo de servirlo en un cuenco es fantástico para pillar el último trozo. 

    Para la próxima tiraré de carta, a ver qué tal. 

    Vacaciones en La Coru (neno), 4

    Paseando por la tarde, me llevaron a un sitio magnífico: el Caldero de Peltre

    Una tienda chiquitina y llena de merchandising principalmente de Harry Potter, aunque también abunda de Doctor Who (nada más hay que fijarse en el probador-tardis) y Star Trek

    Como detalle, tienen un photo-call del cartel en plan “Se busca” y hasta te dejan túnicas para hacerte la foto. Además, la mujer que me atendió es un encanto. 

    La próxima vez que vuelva saldré con gasto, lo sé, me conozco. 

    Edito: Hoy, duchándome he caído en la cuenta que es muy fácil hacer el juego de rol de Harry Potter. Simplemente, se usa el Ars Magica y cambiamos unas casas para versionarlas. 

    Para Slitherin se usaría Tremere, por aquello de los secretos del clan y de que son cerrados rozando el elitismo. 

    Para Ravenclaw, Bonisagus. Son los estudiosos y los que tienen mayores conocimientos. 

    Para Hufflepuff, Ex-Miscelanea. Así de sencillo. 

     Problema lo tengo con Griffindor, pero eso es cosa de ponerse. 

    Vacaciones en La Coru (neno), 3

    Como cada año,  nunca pierdo la ocasion de visitar el acuario,  y nada más entrar resulta que hay una galería de fotos. Todo muy bien, todo muy bonito, todo precioso. Hasta que encuentras cuatro plafones seguidos de bichos marinos follando. Babosas marinas, delfines, tortugas, y dos sepias. Frungiendo como si se acabara el mundo.

    Luego bajé a la sala Nautilus, y ahí sí que tengo que explayarme. 

    La sala Nautilus es una gozada sacada de 20.000 leguas de viaje submarino. Es como si fuese el observatorio del submarino del capitán Nemo. Pero está tan desaprovechadísima que es bajar y darse cuenta del potencial desperdiciado. 

    Foto tomada desde un sofá de cuero de los de antes.

    En una parte de la sala hay una mesa (preciosa, eso sí) con un “póster” dando cuatro datos de los peces de esa sala a modo de tapete, bajo un cristal. Pues bien, cambiando el póster por instrumentos de navegación, y poniendo al lado un globo terrestre señalizando dónde se encuentran esos peces la cosa gana enteros en cuanto a ambientación.

    Si a eso le añades un tipo con pinta de lobo de mar que vaya dando las explicaciones necesarias, tienes una actividad genial que es un reclamo de la ostia. Nunca me acuerdo de proponerlo al acuario, pero creo que pasarían de mi propuesta. 

    Y para acabar un día de forma magistral, una cenita de tapas con mi chica.

    El lugar: bar O Corno. La comida: arriba, dos corniños (setas con allioli y atún picante con tomate) y debajo un piroliño. Del postre hablamos otro día.

    Vacaciones en La Coru (neno), 2

    Después de la movida de ayer, hoy me he dedicado a vaguear por la mañana. Nada particularmente interesante que anotar.

    Eso sí, eso de pedir pizza por internet, poderla comer caliente y a la mitad de precio, me sigue erotizando mogollón.

    Mañana más.