Apuntando maneras

Tras presentar la intro de mi PJ de Guild Wars, he decidido colgar aquí una mini introducción de un personaje que me hice para un juego de rol de piratas.

Antetodo, debo de dar las gracias a Txapulín, por conservarlo, y enviármelo tras mucho darle la paliza.

De eso hace ya nueve años. De cuando “ gente que no anda muy lejos de aquí, como Elengaer, Dan Solo o yo mismo, más algunos otros, jugábamos a ser periodistas“. Está tal y como la escribí (salvo por unos pequeños cambios de nombre y un par de añadidos que indico), así que espero que sepais perdonar las faltas y la carencia de estilo.

Como siempre, espero que sea de vuestro agrado.Y si no, no me seais muy crueles…

Si eso es una bandera pirata, me temo que estoy en el Caribe.

Año de Nuestro Señor de 1653.

Yo, Don Álvaro Echeverría y Guzmán, me dispongo a narrar los acontecimientos que me obligaron a llevar una vida de aventuras, tesoros y amores en cada puerto del Caribe. Me dispongo a explicar a Vuestra curiosa Merced los motivos de mi vida de piratería.

Yo era un joven hidalgo en mi España natal. Mi vida como la de otros tantos era una retahíla de fiestas, bailes, amoríos y duelos por el amor de una mujer. Un mal día de otoño, me enamoré de una dama de Sevilla, con la desgracia de descubrir demasiado tarde que mi amor era de una mujer que hizo solemne voto de fidelidad a su marido. Pese a que el voto de la dama tenía el mismo valor que el papel mojado, su marido, el Conde de Blancamarisma, sí que era fiel a los juramentos que hizo en el altar a Nuestro Señor.

Una noche de amorosa pasión, su marido llegó a su cortijo un día antes de lo esperado. Yo, con toda la rapidez y disimulo posible, cogí mis ropas y mi sombrero pero me olvidé mi florete, con el escudo de mi familia en la empuñadura. Tal mala fortuna aconteció que el marido de la dama descubrió mi espada, y supo de quién era. A la mañana siguiente, recibí un desafío junto con el florete. Un duelo al amanecer, en la parte trasera del convento de los dominicos. A muerte.

Tal conde era un espadachín muy diestro. Y un duelo a muerte sería un reto con un resultado seguro. Mi funesto final. Así que apreciando más mi vida que el buen nombre de mi familia, me embarqué en el primer bajel rumbo al Caribe, zona de harto renombre en cuanto dinero, fama y bellas mujeres. De hecho no me embarqué, sino que viajé de polizón en el Cangrejo Borracho.

A las tres semanas de viaje, me descubrieron. Por fortuna no me colgaron del palo mayor por los pulgares, gracias a mi innata habilidad de relación, mis reflejos felinos y mis -escasos- conocimientos de navegación. El capitán de la pinaza no tenía muchas luces, con lo que no fue muy difícil convencerlo de mi inestimable ayuda. Y un mes después pudimos experimentar toda la fuerza del Caribe. Vendavales, tormentas y cómo no, piratas.

En medio de la más negra, tenebrosa y oscura noche, por desgracia, un galeón con la conocida bandera negra nos asaltó. El abordaje fue rápido y brutal. Fue por la popa, con lo que nuestra pinaza no pudo usar todos sus cañones. Debido a la rapidez del ataque, no nos pudimos defender como es de ley, y los cañones y culebrinas del galeón causaron muchas bajas entre los nuestros. Y por si no fuera suficiente, tras la primera andanada de fuego y bolas de cañón, hubo otra en la que los proyectiles eran cadenas, clavos y cristales rotos, así dañarían la arboladura y limpiarían la cubierta de unos cuantos defensores. Había sangre y restos humanos por doquier, visión horrenda y desagradable digna del más cruel demonio del Infierno. Acto seguido los piratas, franceses para más señas, de un salto subieron a nuestra cubierta. El combate fue previsible, los defensores entre los que yo me encontraba, luchamos a sangre y fuego, con uñas y dientes, con pólvora inglesa y acero toledano, resistiendo los envites de esos malditos piratas, que no corsarios ni bucaneros. Ojalá Lucifer les cueza en su peor marmita y les despelleje vivos. Mas el final estaba escrito, ellos eran más que nosotros y se adueñaron de las mercancías que tan trabajosamente nos costó conseguir. La gran mayoría de la tripulación del Cangrejo Borracho fue vendida como esclava. Aunque gracias a mi buena labia y agilidad mental, pude convencer al capitán del galeón que me necesitaba como agente en tierra. Al fin y al cabo, era educado y podía pasar como noble en Maracaibo, o como lobo de mar en Port-Royal. Era mejor tener un contacto con la nobleza o con los rivales del capitán Remy Bourjoise, capitán del Enfant Terrible, el galeón que nos abordó, para que les proporcionara rutas o mapas o informaciones varias.

Y así pasaron un par de años, hasta que el capitán Remy, decidió que tras el buen servicio recibido por mi parte, y sabiendo que yo era un hombre de honor, aunque demasiado aficionado al juego, era merecedor de libertad. O dicho de otro modo, que me buscara la vida por mis fueros. Seguramente llegó a tal conclusión tras pasar una noche con una mulata que conocí en Isla Tortuga no mucho tiempo atrás y que no quedó satisfecha con la gratitud que le di en vez de mis doblones.

En fin. Que tras una vida azarosa, llena de aventuras y amoríos que no he narrado, y que no se si lo haré, ahora estoy en una casa en La Habana escribiendo el principio de mis memorias. Si Vuestra Merced sigue con curiosidad sobre mi vida, le advierto que no quedará decepcionada. Vive Dios que no soy Barbanegra, pero Vuestra Merced tampoco lo es, ¿verdad?

“Yo quiero contar todo sobre aquella época de suma aventura.”
El Hechicero (Mako)
Conan el Bárbaro

Acerca de Dan_Solo

Blogger errático y sin un tema fijo a tratar. Pongo lo que me apetece (de la forma menos giliborde que pueda) y si a alguien no le gusta, que siga surfeando. No trolls allowed.

Publicado el 2006-08-28 en Leedurias, Solocentrismos. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Ha sido un placer volver a leer este relato.

    Y que yo tenga una copia (¿la única?), es más, localizable y a mano, de los archivos con que hicimos el primer año nuestra bienamada revista no responde más que a la más curiosa de las casualidades.

    A mandar.

    Me gusta

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