Difícil de creer

Trabajo en una empresa en la que hay cojines etiquetados con el nombre de algún operador, no sea que cuelen un guisante en un cojín al azar y no pueda trabajar a gusto.

Trabajo en una empresa en la que cuando el jefecillo de turno se va, algunos se cambian las sillas porque las dos que corresponden a los sub-jefes son algo más cómodas, montando un laberinto de sillas que ni te cuento. Sólo hace falta poner música y es como si estuviera en EGB jugando.

Trabajo en una empresa en la que se rompieron las sillas anteriores y aunque jodieran calzado (el protector de las ruedas estaba muy afilado) o la espalda (ni subían, ni bajaban, el respaldo reclinable no se quedaba fijo…) no se cambiaron hasta que un sub-jefe cambió una silla por otra de la sala de reuniones y la gran-jefa se dio cuenta, a pesar de que el jefe del departamento estaba informado de sobras.

Trabajo en una empresa en la que unos miserables bolis Bic se tienen que etiquetar con el nombre del operador, porque parece ser que desaparecen. Me dicen de etiquetar algo más y me traigo la bata que usaba en párvulos.

Trabajo en una empresa en la que desaparece un gps (del director del s.a.t.) y se acusa directamente y sin dudar a la sección donde trabajo, hasta el punto de revisar grabaciones de cámaras. Una vez se demuestra que ningun currante de la sección tuvo nada que ver (y supongo que encontraron al verdadero culpable) se silencia el asunto y ya está. Aun espero una disculpa.

Trabajo en una empresa en la que desaparecen unos cascos bien buenos que estaban en los armarios de la cocina, pero como eran de un operador no se monta el dispositivo que se realizó para el gps.

Trabajo en una empresa en la que como pongas algún consumible en la nevera, ya lo puedes dar por perdido (hasta el punto de que desaparezcan “misteriosamente” bolsas de congelados o incluso casi medio litro de horchata de la noche a la mañana, en el sentido estricto de la temporalidad). Que no saldrá nadie de pobre por beberse una lata de refresco, pero por lo menos reponla, o deja una nota. Como siga así, les planto una trampa caza-bobos y me voy a reír hasta fin de año.

Trabajo en una empresa en la que desaparecen tazas. Un viernes está, y a los ocho días ya no. Si se ha roto, deja una nota. Que no estamos en EGB, así que no se chivará nadie al profe. Que no es una taza recuerdo del abuelito en el lecho de muerte ni un souvenir de Rumania (que hay que ser muy gilipollas para dejar ese tipo de tazas en una empresa con los antecedentes que tiene). Si ha desaparecido sido robada, ojalá se le rompa el asa mientras esté tomando una bebida muy, pero que muy caliente. Es que hay que ser rastrero.

Trabajo en una empresa en la que los que más dicen de unirnos y actuar para mejorar nuestro puesto son los primeros en sudar olímpicamente de predicar con el ejemplo. Los primeros en salir al acabar el turno pero llegan rascando la hora de entrada. Los primeros en decir que hay que ponerse en serio y limpiar la pantalla pero se ponen cascos y se aíslan. Los primeros en quejarse y decir que todo es una mierda pero no aportan soluciones. Los primeros en hablar de poner el cascabel al gato pero se escabullen al oír un maullido. Los primeros en acusar a alguien de “pelota rastero” pero que cuando aparece el jefe le limpian el sable y piden limpiarle las botas con la lengua. Los primeros a los que se les llena la boca con la palabra “compañerismo” pero actúan de forma egoísta.

En fin, más o menos como en cualquier otra empresa.

“Llevadme… ¡Hacia el volcán”
Joe Banks (Tom Hanks)
Joe contra el volcán 

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3 pensamientos en “Difícil de creer

  1. Exacto, más o menos como en cualquier otra empresa. En el estudio yo tenia una caja de esas de clavos (que son como un minicajón) con mis lápices/bolis/fluos/etc… y pobre del que cogiera algo y no lo devolviera, que no tenía mis cosas etiquetadas pero si marcadas (con lo que podía demostrar que eran mías).

    Y por supuesto, las tazas y/o vasos, los lavaba escrupulosamente antes de usarlos, que ladrones no, pero guarros eran un rato. Al menos respetaban la comida de los demás, aunque cierto es que llegaron a decirme que mis guarradas me las comía yo… aunque de una forma mas diplomática (es lo que tiene tener gustos “exóticos” en la comida).

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    • Ya, pero lo del cojín roza lo infantil. Lo de las sillas y bolis, ya es infantil de por sí. Lo de que te guinden el papeo jode, pero es previsible.

      Pero lo de que se te acuse de forma sistemática, pero no se disculpen me duele. Y que se investigue un robo pero otro no, me ofende.

      Todo lo demás es accesorio, previsible e inevitable.

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